Sistemas constructivos alternativos ganan terreno en el sector de la construcción
Publicado hace 9 meses
Frente al aumento del déficit habitacional, el alza de costos y la escasez de mano de obra especializada, los sistemas de construcción no tradicionales se posicionan como una alternativa eficiente, rápida y sustentable. Desde paneles con EPS hasta viviendas industrializadas con núcleo aislante, estas soluciones están redefiniendo el panorama constructivo argentino y ofreciendo respuestas concretas a las nuevas demandas del sector.
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La construcción tradicional basada en ladrillo y cemento está dando cada vez más espacio a métodos alternativos que buscan acortar los tiempos de obra, reducir costos y mejorar el rendimiento energético de las viviendas. En un contexto de encarecimiento de materiales, escasez de mano de obra especializada y aumento del déficit habitacional, los sistemas no convencionales ganan terreno en todo el país y comienzan a transformar la matriz productiva del sector.
Entre las opciones más utilizadas hoy figuran los paneles Casaforma, formados por placas de tergopol con doble malla de acero recubiertas con mortero, y las estructuras prefabricadas de hormigón con núcleo aislante. Estas alternativas permiten construir con mayor eficiencia energética y rapidez, según explica Gerardo Fernández, presidente de la Confederación de Pymes Constructoras de la República Argentina (CPC).
Fernández también menciona el auge de otros sistemas como el de madera OSV con tergopol, el “chapa panel” con aislación interna, el conocido steel frame y combinaciones de placas cementicias y de yeso sobre perfilería metálica. En particular, destaca las casas prefabricadas de hormigón con núcleo liviano como una opción robusta dentro de la construcción industrializada.
La arquitecta Soledad Zalazar, del estudio Zwanik Zalazar, señala que hoy predominan los métodos mixtos que combinan técnicas en seco con elementos húmedos. “El sistema EPS (poliestireno expandido) es uno de los más usados por su buena relación costo-beneficio. Representa una síntesis entre construcción seca y húmeda”, señala.
Ambos profesionales coinciden en que estos métodos permiten reducir significativamente los tiempos de ejecución. Mientras que una vivienda tradicional puede tardar un año en completarse, con sistemas industrializados es posible finalizarla en tan solo seis meses. Este recorte de plazos no solo acelera el acceso a la vivienda, sino que reduce costos paralelos, como el pago de alquileres temporales y la exposición a aumentos de precios.
En términos de eficiencia energética, las ventajas también son notables. Aunque en Argentina muchas veces se subestima el costo energético por el efecto de los subsidios, en otros países puede representar hasta el 30% del ingreso familiar. “Estos sistemas actúan como una gran heladera de tergopol: una vez sellados, conservan la temperatura y reducen la necesidad de calefacción o refrigeración”, explicó Fernández.
El uso de materiales como PVC, vidrios dobles herméticos (DVH) y aislantes térmicos ha mejorado notablemente el confort y la eficiencia de las viviendas. Aunque persisten ciertas dudas sobre el uso de placas de yeso, los especialistas afirman que, bien instaladas, ofrecen resistencia y durabilidad similares a una pared de ladrillo.
Zalazar resalta además la importancia de planificar con anticipación. “Los sistemas industrializados requieren una modulación eficiente de los espacios. Eso permite un uso racional de los materiales, pero solo se logra si se diseña con detalle desde el inicio”, comenta. Para ella, el rol del profesional es clave para asegurar que los tiempos y costos se mantengan bajo control.
El cambio de paradigma no es solo técnico, también implica superar barreras culturales. “Muchas personas siguen desconfiando por prejuicios estéticos o desconocimiento técnico. Pero hoy, las paredes livianas pueden igualar —e incluso superar— a las tradicionales en cuanto a resistencia y funcionalidad”, asegura Fernández.
En paralelo, surgen iniciativas innovadoras desde el ámbito académico. Es el caso de los ecobloques desarrollados por la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav), fabricados con residuos plásticos reciclados. Estos bloques, de 19x19x39 cm, están diseñados para muros portantes, ofrecen buena aislación térmica y permiten pasar instalaciones internas gracias a sus celdas internas. Están hechos con hormigón liviano, cemento, cal y materiales reciclados como polvo de ladrillo o vidrio.
El objetivo del proyecto es doble: reducir la contaminación por plásticos de un solo uso y generar oportunidades de empleo en cooperativas y municipios. “Transformamos residuos que no tienen valor en materias primas útiles para la construcción”, explicó la arquitecta María Elena Neumayer, referente de Undav. Con una demanda habitacional en aumento, presión por mayor eficiencia energética y necesidad de acortar plazos, los sistemas no tradicionales aparecen como una respuesta integral, económica y sustentable para el futuro de la vivienda.
Fuente: Construyendo
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