Protección contra el fuego en estructuras de concreto armado: claves para reforzar su resistencia térmica
Publicado hace 1 mes
Si bien el concreto armado ofrece una alta resistencia al fuego por su composición y masa térmica, las elevadas temperaturas pueden comprometer su desempeño estructural. Conocer cómo se comporta el material y qué soluciones de protección pasiva aplicar es esencial para garantizar la seguridad y durabilidad de las edificaciones.
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La protección contra el fuego en estructuras de concreto armado es un aspecto fundamental en proyectos de infraestructura, vivienda y edificaciones de gran escala. Aunque el concreto es reconocido por su alta resistencia al fuego, su desempeño no es ilimitado: exposiciones prolongadas a temperaturas extremas pueden reducir su capacidad portante, acelerar el deterioro del acero de refuerzo y comprometer la integridad de toda la estructura.
El comportamiento del concreto armado frente al fuego está directamente relacionado con su densidad, su nivel de humedad interna y la calidad de los materiales que lo conforman. La masa térmica del concreto actúa como una barrera que retrasa la transmisión del calor hacia el acero, permitiendo que las estructuras mantengan su estabilidad durante los primeros minutos y hasta horas de exposición. Sin embargo, cuando la temperatura supera los 300 °C, el acero comienza a perder resistencia, y al alcanzar 500 °C puede experimentar deformaciones críticas. A su vez, el concreto puede sufrir microfisuras por choque térmico y desprendimientos conocidos como “spalling”.
Ante este escenario, las estrategias de protección pasiva se vuelven indispensables para reforzar la resistencia al fuego de elementos estructurales. Entre las medidas más utilizadas destacan los recubrimientos ignífugos proyectados, las pinturas intumescentes y las barreras térmicas que incrementan el espesor y la aislación del elemento. Asimismo, un correcto diseño del recubrimiento de acero, el uso de agregados resistentes al calor y la adecuada humedad del concreto permiten mejorar significativamente su desempeño ante incendios.
La normativa internacional coincide en que la protección pasiva debe ser parte del diseño estructural desde las etapas iniciales del proyecto. Esto incluye considerar la clasificación de resistencia al fuego requerida para cada tipo de edificación, definir espesores mínimos, evaluar condiciones de carga y contemplar escenarios de incendio realistas.
En un contexto donde la seguridad estructural es prioridad, comprender cómo responde el concreto armado al fuego y aplicar medidas que incrementen su capacidad térmica no solo prolonga la vida útil de las obras, sino que también protege a sus ocupantes y contribuye al cumplimiento de estándares constructivos cada vez más exigentes.
Fuente: Constructivo
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